Recordando el 14 D del 88. Cuando la clase obrera se mueve…

Aquel día el país quedó paralizado por una huelga como no se recordaba desde los últimos coletazos de la Dictadura. Por primera vez en democracia, la clase trabajadora decía al unísono ´Basta ya`. Aquella gran huelga, éxito de la movilización sindical con un seguimiento en torno al 90%, tenía como objetivo denunciar las políticas económicas del entonces Presidente del Gobierno Felipe González, cuyas medidas suponían la precarización del mercado laboral. No es, por tanto, algo novedoso la situación que sufrimos en estos momentos, ni siquiera exclusivo del PP. La gran traición a la clase trabajadora por parte del PSOE comenzó ya en los años 80 al incluir el contrato temporal en el Estatuto de los Trabajadores, continuando con la falta de sensibilidad al lanzar el “Plan de empleo juvenil” que hubo de retirar tras las movilizaciones. Dicho plan suponía en la práctica el permiso para contratar a jóvenes de entre 16 y 25 años de edad por el salario mínimo profesional, ignorando los convenios negociados entre patronal y sindicatos, el abaratamiento del despido o la exención de las cuotas a la seguridad social por parte de las empresas, entre otras cosas. Estas medidas se consiguieron echar atrás, logrando la acción sindical un gran éxito al obligar además al Gobierno a aprobar la equiparación de las pensiones mínimas al salario mínimo interprofesional.

 

En aquel entonces estaba aún reciente en la memoria la lucha por las libertades y la democracia tras casi 4 décadas de Dictadura. Aquella generación de trabajadoras y trabajadores acostumbrada a jugarse el tipo para defender sus derechos quedó atrás. Quienes recogimos el testigo nos creímos que ya estaba todo hecho, que no se podía aspirar a más y que lo logrado por aquellos que nos precedieron no podría perderse. Cuán equivocados hemos estado. Hoy vemos cómo los derechos son reducidos día a día y sin ningún miramiento por aquellos leales al liberalismo. La edad de jubilación se alarga, se endurecen los requisitos para acceder a una pensión que, además, ha de ser complementada con planes de pensiones privados, abriendo así una nueva línea de negocio para los especuladores que aumentan sus fortunas con nuestros ahorros.

 

Lo que en otros países es habitual, Francia, Alemania, Inglaterra… aquí sólo lo hemos logrado una vez. Paralizar el país para lograr prevalecer los derechos frente a las políticas más reaccionarias es una práctica tan común en los países vecinos que no movilizarse cuando se atenta contra los derechos de la clase trabajadora es considerado poco menos que un crimen. Lo vemos por ejemplo en el país vecino en el que, si se ponen tontos, los trabajadores consiguen paralizar el tránsito de mercancías en toda Europa, aprovechando la situación geográfica central. Sin embargo, aquí, repetir las acciones de 1988, es poco más que una quimera. ¿Por qué? Porque aquí el sindicalismo, como la izquierda, se encuentra dividido. Esto lo evidenciamos en Euskadi, donde se concentra gran parte de la actividad industrial del país, por lo que, sindicalmente hablando, la repercusión de lo que aquí ocurra tiene gran relevancia. Y lo que aquí ocurre es que cuando los principales sindicatos en el Estado se ponen de acuerdo para realizar cualquier movilización, los sindicatos de corte nacionalista se ponen de acuerdo para diferenciarse, convocando un día distinto y dándole su particular matiz de construcción nacional, desvirtuando la reivindicación y generando la desconfianza y desmovilización de aquellos que sólo buscan mejorar sus condiciones laborales. Esta actitud le hace el trabajo sucio a la patronal, puesto que lo que más teme esta es que algún día los trabajadores puedan unirse como aquel 14-D. Y eso que las condiciones, 30 años después, son similares a las de entonces. Salimos de una crisis económica que nos ha obligado a apretarnos el cinturón, con unas tasas de paro inasumibles en cualquier Estado del Bienestar, con una pauperización masiva mientras los ricos se hacen cada día más ricos. Los sindicatos de hoy no son los de entonces, lo mismo que la sociedad y la clase trabajadora. Mucho tenemos que aprender los trabajadores de hoy de los de entonces. Si quieres conseguir algo, no puedes esperar a que llueva del cielo, has de luchar por aquello que quieres. Esa es la lección que debemos aprender de aquella huelga y de aquellos trabajadores, que hoy nos dan una nueva lección al movilizarse por unas pensiones dignas.

 

¿Y nosotros, hacia dónde miramos mientras? Cuando deberíamos estar pendientes de unir fuerzas y trabajar juntos para revocar las medidas reaccionarias que el PP y sus socios europeos nos han impuesto, nos dejamos desviar la atención hacia debates sobre construcción nacional, como si esto fuese la solución a todos los males, pero que sólo sirve de caldo de cultivo para planteamientos extremistas que cosechan votos entre la clase trabajadora en la que ha calado el llamamiento a la unidad de la patria, que esconde en realidad mayores recortes de libertades y derechos. Es necesario que la clase trabajadora dé una respuesta clara a unos y a otros, responsables directos de la situación de crispación que vivimos, haciendo ver que las y los trabajadores estamos por encima de identidades nacionales, que lo que buscamos son las mejores condiciones laborales posibles, tal y como se hizo aquel 14 de diciembre de 1988. Lo demás son distracciones interesadas para evitar que nos unamos y logremos así unas condiciones de vida dignas, sin explotación del hombre por el hombre, sin que se beneficien unos pocos del trabajo de muchos.

 

Artículo de opinión

Miguel Burdallo

Miembro de la Comisión Política del PCE-EPK y Secretario política en Araba.

Autor entrada: PCE-EPK