Hacer cumplir al gobierno, el nuevo escenario.

Se inicia una nueva etapa política en la que por primera desde los años 30 del pasado siglo en España hay un gobierno de coalición entre la socialdemocracia y la izquierda alternativa, con la entrada de Unidas Podemos -y de Izquierda Unida- en el Consejo de Ministros, un gobierno cuya formación ha sido apoyada por el PCE, que cuenta con dos ministerios dirigidos por integrantes de nuestro Partido. Existe en estos momentos una evidente satisfacción de los sectores populares, democráticos y progresistas por haberse alcanzado finalmente el acuerdo de gobierno de coalición.

Toca trabajar para que el acuerdo de gobierno alcance los objetivos propuestos, que no son otros que revertir las políticas neoliberales y de recortes de derechos y poner en marcha otras políticas diferentes que garanticen plenamente los contenidos de los derechos fundamentales, tanto políticos como sociales y económicos, con el fin de mejorar sustancialmente las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora. Podemos afirmar que es positivo que no se haya cerrado la crisis de régimen en forma desfavorable para la clase trabajadora, y también lo es que se diluya el llamado centro político, que no es otra cosa que la muleta en la que se apoyan los poderes económicos para atraerse a la parte más débil de las capas populares.

Se abre un escenario político que nos ofrece la posibilidad de mejorar las condiciones de vida de la mayoría social, aumentando el Salario Mínimo, recuperando el valor adquisitivo las pensiones, derogando la LOMCE, la Ley Mordaza o los aspectos más dañinos de la Reforma Laboral, al tiempo que se pueden profundizar las contradicciones del bloque dominante. La cuestión es seguir siendo una fuerza rupturista y no caer en la tentación de querer convertirnos en la izquierda del régimen. Debemos conjugar el mantenimiento de la estrategia rupturista con una táctica que tiene que contemplar nuestra participación en el Gobierno con nuestro actuación social, sindical e institucional, para conseguir conjugar medidas que mejoren la vida del Pueblo con otras que generen contradicciones en el bloque dominante y nos permitan avanzar en alcanzar un correlación de fuerzas favorable a un nuevo marco constitucional.

Razones todas estas que son más que suficientes, para apoyar nuestra participación en el Gobierno, pero la clave en este momento es no olvidar que la crisis de régimen sigue abierta y que las fuerzas del bloque dominante que han perdido una batalla, no darán por perdida la Guerra, que van a tratar de utilizar todos sus recursos para que este gobierno fracase y dar paso a un gobierno de la derecha más dura.

Esta estrategia deberá permitirnos también ampliar la base política y militante del proyecto de convergencia de la izquierda en torno a Unidas Podemos, un requisito imprescindible para soportar con éxito los retos políticos a los que nos enfrentamos y las innumerables contradicciones a las que nos someterá la acción de gobierno. No olvidamos que el Gobierno puede fracasar, no solo por la presión de la derecha, sino que también puede fracasar si no cumple las expectativas de una base social que hoy está esperanzada. El ejemplo de Grecia está demasiado cerca en el tiempo, por lo tanto, la mejor defensa del Gobierno no es justificar todo lo que haga, sino trabajar en todos los ámbitos para que cumpla sus objetivos.

A la vista del contenido del acuerdo programático, sin duda nuestro enemigo principal será en los próximos meses los intentos de desestabilización del gobierno por la derecha mediática y política, la ultraderecha y en general todas las fuerzas conservadoras al dictado del gran capital. Y previsiblemente, serán innumerables los ataques de sectores izquierdistas que afirmarán que el acuerdo de coalición alcanzado es una traición a la clase obrera y supone habernos entregado a la socialdemocracia.

No viene mal recordar por lo tanto las palabras de Lenin en su obra “La Enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”:

“hay que aprovechar la menor posibilidad de obtener un aliado de masas, aunque sea temporal, vacilante, inestable, poco seguro, condicional. El que no comprenda esto no comprende ni una palabra de marxismo ni de socialismo científico contemporáneo, en general. El que no ha demostrado en la práctica, durante un intervalo de tiempo bastante considerable y en situaciones políticas bastante variadas, su habilidad para aplicar esta verdad en la vida no ha aprendido todavía a ayudar a la clase revolucionaria en su lucha por librar de la explotación a toda la humanidad trabajadora”. 

“De todo esto se desprende imperiosamente la necesidad -una necesidad absoluta para la vanguardia del proletariado, para su parte consciente, para el Partido Comunista, de recurrir a la maniobra, a los acuerdos, a los compromisos con los diversos grupos de proletarios, con los diversos partidos de los obreros y pequeños patronos. Toda la cuestión consiste en saber aplicar esta táctica para elevar y no para rebajar el nivel general de conciencia, de espíritu revolucionario, de capacidad de lucha y de victoria del proletariado.”

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